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Millenium de Stieg Larsson

La trilogía de Stieg Larsson me resultaba difícil de adjetivar. Hablé unos segundos de ella con dos amigas a las que admiro por su criterio bien fundado y documentado, pero tuvimos que dejar la conversación enseguida porque cada una tenía un punto de vista sobre la obra y empezó un semi-encontronazo que preferimos dejar inconcluso para poder seguir queriéndonos. Así que me quedé a solas con mi reflexión. 

Unos días más tarde pude volver a hablar durante, de nuevo, solo un momento, con otro grupo de amigos. Esta vez pude comprobar que solo nos había interesado a otro amigo y a mí, pero tampoco pudimos llegar a destripar las razones por las que no nos había disgustado. La sensación que teníamos era que se trataba de una obra de fácil lectura, que nos había enganchado hasta el punto de querer desear leer el tercer tomo, pero sin hacer cola en una librería para conseguirlo. No sé si es porqué ninguno de los dos somos ya adolescentes (pienso en las colas de chavales esperando para comprar los libros de Harry Potter). Volví a mis reflexiones en solitario.

Me había gustado el primer libro, Los hombres que no amaban a las mujeres, porque me pareció que el escritor, no sé si el narrador ni el personaje masculino principal, no había intentado "salvar" a la chica, a esa chica que presentaba como un ser asocial y que terminaba siendo igual o más asocial que al principio de la novela. Eso estuvo bien. No pude decir mucho más. Después de ver la película tampoco mejoró mi percepción del asunto que me entretenía tanto cuando leí el libro pero que no acababa de hacerse presente con claridad. En fin, la película poco podía ayudar, era un retrato bastante más amable de la chica, que seguía siendo asocial pero no tanto, quizá porque el director sí había decidido salvarla un poquito.

Leí el segundo libro, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, con interés porque ya conocía a los personajes y mi aguda empatía con los personajes de ficción me hizo sentirme cómoda con su lectura. Era como visitar a viejos amigos y conocerlos un poco más a fondo. Aunque las acciones de la chica asocial me parecieron bastante brutales y concluí la lectura creyendo que verdaderamente la joven debía sufrir algo tipo "síndrome de Asperger".

Con el tercer libro, La reina en el palacio de las corrientes de aire, tuve más problemas. Por un lado, las páginas que están fuera de la narración novelesco-policiaca, me parecieron fuera de lugar. El repaso histórico por la existencia de mujeres guerreras me parecía curioso, pero innecesario. Las menciones a la antigua Grecia, la Iliada de Homero, las Amazonas, el historiador Diodoro de Sicilia... muestran a las mujeres guerreras como parte de la historia de la humanidad, pero yo creo que el libro no va sobre mujeres guerreras. Por otra parte, el desarrollo del argumento resultaba extenuantemente largo y farragoso en muchos momentos en los que se describía con bastante detalle la biografía de personajes nuevos que aparecían continuamente de la nada para sumarse al ya largo elenco de malhechores y sorprendentemente bondadosos hombres que parecían amar a las mujeres. Mientras tanto, Mikael seguía su cruzada en favor de Lisbeth, y esto no me gustaba nada. ¿Por qué el alter ego del escritor se erigía en caballero andante en favor de la dama desvalida? Bueno, al menos no la amaba, lo que ya habría sido el colmo. De todas formas, el regusto era algo del tipo: las mujeres son maltratadas por los hombres en la mayoría de los casos, pero solo los hombres pueden salvarlas de los maltratadores... Abrumador.

Eso sí, me había llamado la atención una frase: 

"... fue castigada porque los funcionarios del Estado habían decidido que Zalachenko era más importante que Salander."

Esto es, había decidido, por razones de Seguridad Nacional, incluso, que un maltratador, pero hombre, era más importante que una niña...

Bien, esto explicaba porqué el primer libro se titulaba Los hombres que no amaban a las mujeres, y quizá algo más, algo que se me escapaba.

Hoy me he enfadado mucho y he recordado los tres libros de la saga Millenium y he creído comprender, por fín, de qué iba. Ayer, a una amiga mía le hizo un hombre una revisión anual de uno de los electrodomésticos de su casa. Esas revisiones había ocurrido otras veces y habían venido a su casa distintos hombres que habían hecho su trabajo y se habían ido. Esta vez, el hombre, distinto a todos los anteriores, como suele ocurrir, asustó a mi amiga diciéndole que el electrodoméstico estaba en mal estado y había que cambiarlo, cosa que, él, en su empresa privada, no relacionada con la que lo enviaba a hacer la revisión, estaría encantado de hacer por un módico precio. Mi amiga, temiendo que el aparato estropeado respresentase un peligro para su familia, se puso inmediatamente manos a la obra y contactó con la empresa proveedora del aparato en cuestión para que lo reparasen o le diesen un presupuesto para proceder a su cambio. Cual no sería su sorpresa cuando el técnico, que con gran diligencia debido a la peligrosidad del mal funcionamiento del electrodoméstico ha venido hoy mismo, le ha asegurado que no le ocurría nada y que podía seguir haciéndole servicio durante mucho tiempo a pleno rendimiento. 

Bueno, yo habría llamado a la policía inmediatamente o puesto una denuncia en el juzgado más cercano. Mi amiga, con mejor criterio que yo, decidió poner una reclamación a la empresa que envió al primer "hombre" a su casa. Ha llamado al servicio de atención al cliente y una señorita le ha dicho que le pasaba con otra señorita, la cual le ha dicho que sentía mucho lo que había pasado pero que no podía solucionarle nada. Mi amiga, perpleja, ha colgado. Ha decidido, entonces, poner la reclamación vía internet, y cual no sería su alegría cuando la página de la empresa le ha mostrado que existía la figura del Defensor del Cliente. Para contactar con este servicio debe escribir se un mail que solo permite poner reclamaciones si ya han sido puestas anteriormente por otra vía: teléfono, presencial o por correo normal. Así que, antes de poder expresar la reclamación mi amiga encontró que se le solicitaba introducir en uno de los campos del formulario el número de reclamación que le deberían haber dado por teléfono. Como no lo tenía volvió a llamar al servcio de atención al cliente. Otras dos señoritas y la segunda le ha dicho que a ella todo eso que le estaba contando le parecía "un error de comunicación" entre el "hombre" enviado a su cas y ella. En fin, que no la ha llamado "tonta" pero seguramente ha sido porque estaba pensando en algo tipo "es usted una histérica paranoica y psicópata". Mi amiga ha insitido en que le dejasen poner una reclamación y le diesen el ansiado número de tal reclamación para poder escribir al "Defensor del Cliente" (nótese que cada vez estoy usando más entrecomillados). No ha habido manera, la señorita en cuestión no se ha dejado ni por alto ni por bajo y no le ha permitido poner la reclamación. entonces, y aquí bien lo bueno, el marido de mi amiga que asistía a todo esto con los ojos en blanco, ha cogido el teléfono y ha marcado el número, por tercera vez, del servicio de atención al cliente. Sin levantar la voz ha explicado el caso de nuevo a la primera señorita, que, asombroso, le ha dado toda la razón, y le ha pasado con una segunda señorita. La segunda, no solo le ha dado la razón, sino que sin necesidad de insistir le ha dejado poner la reclamación pertinente y le ha dado el codiciado número de reclamación.

Ahí ha sido cuando mi amiga se ha hundido. No son sólo los hombres los que no aman a las mujeres. Lo peor es que las mujeres tampoco aman a las mujeres. Yo lo he entendido enseguida. Larsson ha sido muy amable con las mujeres de sus libros, no menciona en ningún momento cómo los hombres han llegado al estado de no amar a las mujeres. Hombres, paridos por mujeres, educados en su más tierna infancia, por lo menos, por mujeres... no aman a las mujeres. ¿Cómo los han parido y educado esas mujeres? ¿Esas mujeres eran como las señoritas del servicio de atención al cliente de la empresa con la que ha tenido que tratar mi amiga?...

Hay una mujer casi mala en la trilogía Millenium: la madre de la joven Vanger desaparecida. Quizá esto es lo que yo echaba de menos al leer las farragosas explicaciones biográficas de los malos de los libros de Larsson, no había ninguna referencia a los ambientes en los que se criaron, ninguna referencia a los sistemas familiares de los que provienen. Por eso me costó tanto entender qué me estaba contando.

Insisto, no es que los hombres no amen a las mujeres, es que vivimos en una sociedad educada de manera que ni los hombres ni las mujeres aman a las mujeres, y esto me parece, en este momento, que es necesario tenerlo muy en cuenta.

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