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Novela romántica y clásicos grecolatinos I

Inicio con esta entrada una serie sobre novela romántica, pero con minúscula, porque no me refiero a las novelas escritas durante el periodo Romántico, aunque, sin duda, alguna puede que caiga por aquí también.

Si es necesaria una cronología de la novela romántica debería empezar por las novelas griegas, escritas, con tanto éxito de público como las de hoy, allá, probablemente, por el siglo II antes de Cristo. El texto más antiguo que conservamos en estos momentos es el de Caritón de Afrodisias, que, posiblemente, tituló su obra con el nombre de la protagonista femenina: Calírroe. En la actualidad, conocemos la obra con el nombre de la pareja de protagonistas, anteponiendo el del varón (cosas de tiempos menos modernos que los años anteriores al inicio de nuestra Era): Quéreas y Calírroe.

Lo del éxito es indiscutible, pues en el Archivo Epigráfico de Hispania de la UCM, dirigido por Isabel Velázquez, encontré una inscripción sepulcral del siglo I dedicada a una mujer a la que llamaron Calírroe. Así que se trata, seguramente, de uno de los bestsellers de la época.

El comentario de la novela, que preparé hace unos meses para el profesor que provocó mi deseo de leerla, Carlos García Gual, es el siguiente: 

 

 

Polifonía

            Lo primero que quiero destacar es la sorprendente polifonía que se encuentra desde el mismo principio de la historia y que, según se avanza en la lectura, da entrada a más personajes. El autor usa el estilo directo para dar paso a las voces de los personajes protagonistas, Quéreas, Calírroe y Dionisio, pero también da voz a personajes aparentemente menos importantes como el pueblo (del que escuchamos expresiones de alegría, duda, preocupación, interés, o reunido en asamblea; son voces sin nombre, al modo de los coros de las tragedias y las comedias griegas), el ladrón de tumbas Terón, o la esclava Plangón y el eunuco Artaxates. Además oímos la voz de otros personajes nobles como son el rey de Persia, Artajerjes, su esposa la reina, Estatira, y el amigo de Quéreas, Policarmo. El autor también pone frases en boca de personajes que aparecen así individualizados, cuando podría haber decidido no caracterizarlos por no tener una continuidad a lo largo de toda la novela, como son los rebeldes egipcios, el grupo de griegos que los acompañan, el soldado que hace a Quéreas atender a la mujer que no quiere embarcar...

            Estas frases que pronuncian los personajes cumplen la función de caracterizarlos. Por sus palabras sabemos cómo son y qué disposición tienen hacia los otros personajes con los que se relacionan, lo que hace que la lectura de la novela sea muy entretenida, al no haber un narrador omnisciente que nos explique la historia con un solo registro de lenguaje.

 

Los personajes

            Por estas voces en primera persona sabemos de la personalidad monolítica de los personajes, que no cambian a lo largo de la novela. Cada uno de ellos se mantiene en sus posturas desde el principio al fin, sin que evolucione en ningún aspecto, lo que aleja la novela de nuestra concepción actual de lo que es la narración literaria. Así, Quéreas se muestra como un hombre valiente y decidido en la guerra pero vulnerable y con baja autoestima en sus relaciones personales. Por ello será un gran capitán de sus soldados y emulará a su suegro, vencedor de los atenienses, venciendo a los persas, pero no podrá disfrutar de la felicidad conyugal. Por su parte, el resto de los personajes masculinos que aparecen en la novela siguen un patrón parecido. Como decía nadie evoluciona, pero, además, los varones son mostrados como hombres de acción con dificultades para las relaciones personales en tiempos de paz. Para gestionar esos espacios más íntimos Caritón nos presenta a las mujeres.

La protagonista, Calírroe, se muestra en todos los pasajes de la obra con mucha más sensatez y dominio de sus pasiones, así como más dialogante y empática con el resto de personajes. Incluso cuando sabe que ha sido engañada por Plangón, al servicio de Dionisio, no toma represalias, sino que asume que las circunstancias se presentaron de tal forma que las cosas no pudieron suceder de otro modo. De igual manera, Estatira, la reina persa, a pesar de no gustarle nada que le encomienden el cuidado de Calírroe, comprende que la muchacha no es exactamente culpable de lo que está sucediendo.

            Personajes femeninos de importancia solo aparecen tres. Dos son mujeres de buena cuna, Calírroe y Estatira, y una es una esclava, Plangón. Las dos primeras siempre se comportan de manera sincera y educada. En cambio, la esclava tiene un papel menos amable, ya que recibe de su amo el encargo de conseguirle a Calírroe, para lo cual Plangón usará todas sus armas, incluido el engaño y el tergiversar la verdad.

            Entre los personajes masculinos es un poco más difícil establecer una diferencia de comportamiento tan clara entre las clases sociales representadas. Eso sí, la mayoría de los hombres representados tienen un gran sentido del honor. Así son Quéreas y Policarmo, pero también el rebelde egipcio, los griegos mercenarios que luchan junto a los egipcios y el gobernador Mitrídates. Pero hay dos personajes que sin mostrarse abiertamente hostiles hacia otros de su misma clase, utilizan los medios a su alcance para lograr objetivos vergonzosos. Sobre todo me refiero a Dionisio y Artajerjes. El primero no se muestra violento con Calírroe a pesar de desearla, y parece preferir respetarla, pero pondrá a trabajar para él a su esclava Plangón, induciéndola a manipular los sentimientos de la hermosa joven. También se aprovechará de las ganas que tiene Leonas, su capataz, de que su amo sea feliz, para conseguir el apresamiento de Quéreas (aunque la intención clara era la de que Quéreas pereciera). Finalmente, sabiendo que el joven esposo no ha muerto ayudará a Calírroe a levantar un cenotafio en memoria de su esposo, con lo que abiertamente contribuye a escamotear información a la joven para poder casarse con ella.

            El otro personaje masculino que no se comporta según su rango es el rey persa Artajerjes. Sin "mancharse las manos" directamente, es cierto, pero poniendo a trabajar en su beneficio a su eunuco Artaxates. Este es presionado por el rey para que convenza a Calírroe de que acepte al rey en su cama. Este comportamiento del rey es un ejemplo más de lo que comentaba antes de la personalidad de los varones: el rey es un valiente guerrero, pero en las cosas domésticas su comportamiento no es tan honorable y honroso como en el campo de batalla.

 

El argumento: la fidelidad

            En otro orden de cosas, llama la atención la fidelidad que se guardan los personajes. Quéreas y Calírroe se aman apasionadamente a lo largo de toda la novela, aunque crean que el otro ha muerto.

            El personaje femenino, que tiene varios monólogos reflexivos a lo largo de la historia, se mantiene fiel en su amor a su marido incluso cuando acepta casarse con Dionisio. Vivirá como esposa de Dionisio sin olvidar que a quien ama verdaderamente es a Quéreas, incluso cuando crea que el joven ha muerto y cuando crea que jamás volverá a ver a su familia de soltera. De hecho, decide casarse con Dionisio para salvar la vida del hijo de Quéreas. Es una fidelidad idealizada que entiendo que para los lectores de la época convertía a la joven en una mujer mucho más simpática.

            En cuanto a la fidelidad de Quéreas, es asombroso como, una vez que cree que ha matado a su esposa, solo tiene el pensamiento de dejarse morir y ese pensamiento es el que lo acompaña continuamente. No es exactamente una reflexión, es una especie de insoportable impotencia ante la imposibilidad de enfrentarse a su fracaso como pareja como se enfrentaría a un enemigo en la guerra, incluso después de haber perdido una batalla. Acepta la posible muerte en la cruz con el convencimiento de merecerla por su mal comportamiento como esposo y su fracaso en su capacidad de formar una familia feliz.

            Otro personaje fiel de principio a fin de la novela es el amigo de Quéreas, Policarmo. Su amistad es una representación de la amistad de los personajes épicos como Aquiles y Patroclo. Policarmo aparece en la obra para salvar la vida de su amigo. No tiene ningún otro papel, ni vida propia, ni pensamientos propios.

            Quien no tiene ninguna amistad verdadera es Calírroe, que se ve continuamente sola y rodeada de otras mujeres que no pueden ser sus amigas y de hombres que solo ven en ella su envoltorio externo, su belleza, pero que no importa para nada que sea capaz de ser una buena compañera. Esta situación la convierte en un ser muy desvalido, pero a la vez en el personaje más fuerte de la novela, ya que debe soportar en completa y absoluta soledad todos los acontecimientos que se le vienen encima. En este punto cabe señalar que es el personaje inocente de la obra. El único momento en el que no se comporta de manera completamente noble es cuando se calla que el hijo que espera no es de Dionisio sino de Quéreas, aunque acaba confesándoselo a Quéreas cuando se reencuentran. Este hijo nacido durante la odisea que viven Quéreas y Calírroe, será un niño abandonado por sus padres para consolar a Dionisio. No deja de ser una situación verdaderamente curiosa para la mentalidad actual, pues, aunque no se menciona, es el primogénito de la pareja, por tanto el primer nieto del padre de Calírroe, el siracusano Hermócrates, personaje histórico con el que quizá el lector espera un poco más de cuidado por parte de Caritón. Bien es cierto que cabe la lectura de que el hecho de dejar al niño junto a Dionisio, que cree que es hijo suyo y no se le saca del error, puede entenderse como un gesto generoso por parte de los jóvenes para con el hombre que ha protegido a Calírroe a lo largo de la mayor parte de toda la aventura. Aún así, por ejemplo, jamás se hubiera dado este final en una película de Hollywood.

 

El desenlace

            Para finalizar, llama la atención en esta historia su final abrupto. Justo en el momento en el que comienza una guerra, evento que se puede alargar durante mucho tiempo y que puede dar lugar a que los protagonistas se vean envueltos en multitud de tramas y accidentes que crearían mucho más suspense y serían bastante más creíbles que el enterramiento de una joven que luego vuelve a la vida, no se usa este recurso más que para que tenga lugar el ansiado encuentro entre Calírroe y Quéreas. Por cierto, un Quéreas que, sorprendentemente, ve a su amada esposa de espaldas y no la reconoce.

            Esta guerra, que aparece al final de la obra, está resuelta de forma bastante diplomática. Quéreas tiene su momento de gloria: vence en la batalla marítima, como decíamos, en homenaje a su suegro. Conquista el botín de guerra, el harén del rey persa, y en ese harén se encuentra Calírroe.

            Pero el rey no es el perdedor de la guerra, pues vence en la batalla terrestre. De esta forma el enfrentamiento del joven siracusano con el todopoderoso Artajerjes finaliza en tablas.

            Caritón consigue de esta manera cerrar todos los cabos que pudieran quedar sueltos en su trama novelesca. El rey persa no atacará Siracusa porque no se puede sentir ofendido por haber sido el perdedor de la guerra. En todo caso, lo que ha perdido ha sido la oportunidad de hacerse con los favores erótico-amorosos de Calírroe, algo que no puede reclamar sin perder su honor y el respeto de su esposa y sus súbditos.

            De esta forma el cierre es completo. No cabe una segunda parte. El varón, Quéreas, se presentará ante el pueblo en asamblea para hacer a todos partícipes de lo que le ha ocurrido, en una idealizada reunión de una ciudad democrática como habían sido las antiguas ciudades griegas. A partir de este final solo queda la posibilidad de que se desarrolle la vida tranquila de una pareja de Siracusa. 

 

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