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Novela romántica y clásicos grecolatinos III

Novela romántica y clásicos grecolatinos III

            Una de las formas de traer a los clásicos grecolatinos a la literatura actual es la de hacer versiones de los argumentos que ya narraron o escenificaron los escritores de la antigüedad clásica. Entre los argumentos que más éxito han tenido a lo largo de la historia de la literatura occidental se encuentra el tema de los hermanos gemelos, desarrollado, según nos consta, por primera vez, por el comediógrafo latino Plauto, allá por el siglo II antes de Cristo. La obra de Plauto se tituló Menaechmi, un nombre griego, pues las obras que conservamos de los dramaturgos latinos deben su inspiración a las obras griegas anteriores. El argumento de la obra plautina consiste en evitar hasta el último momento de la representación que los dos hermanos gemelos conozcan el uno la existencia del otro, y que coincidan lo mínimo posible en el escenario, para mantener los equívocos cómicos y por una necesidad escénica (la dificultad de que los dos gemelos idénticos puedan ser representados por un solo actor para mantener la ilusión dramática entre el público). En los escenarios españoles las versiones que podemos documentar sobre el argumento de los gemelos comenzaron en el siglo XVI y todavía se siguieron estrenando adaptaciones a principios del siglo XX.

            En la novela es más fácil situar a los hermanos gemelos a la vez en las escenas, ya que la representación solo se produce en nuestra mente. Así que la novela romántica no se ha resistido a proporcionarnos varios ejemplos de hermanos gemelos. Los argumentos no tienen relación, en los casos que aquí recuerdo, con el argumento de Menaechmi.

            Quizá haya un par de novelas que se acercan un poco al original plautino al mantener al margen de la historia a uno de los gemelos durante una gran parte de la trama. En dos de ellas se da por muerto a uno de los hermanos, por lo que resulta que al final de las novelas se produce una anagnórisis parecida a la que les ocurría a los Menaechmi. Una de estas novelas es Acosada de Andrea Kane, 2005/6. Se trata de una joven que es la obsesión de sexual de uno de los hermanos que, como también tiene ciertos problemas en los negocios, simula su propia muerte en un accidente.

            La otra novela que mantiene a uno de los gemelos "muerto" durante la mayor parte de la historia es Solo con tu amor de la Serie Vallerands 02 de Lisa Kleypas, 1996, en español desde 2006. En esta se trata de una pareja de recién casados que sufren un ataque de los piratas cuando vuelven a casa del marido, y en ese ataque se da por muerto al joven desposado. La joven recién casada será rescatada por el hermano gemelo de su "infortunado" marido.

            Otras, como decíamos, mantienen en escena a los hermanos durante todo el relato. Entre estas puedo citar A media noche de Nora Roberts, 2001, en España desde 2003, en la que dos hermanos gemelos enfrentados en el pasado por los celos enfermizos de uno de ellos y la pusilanimidad del otro, sobreviven como fantasmas en su vieja casa impidiendo que se instalen los nuevos inquilinos. Y, para finalizar los ejemplos sobre gemelos, Poderosos placeres 01 de Eloisa James, 1999. En esta la relación entre los gemelos es de celos y de confianza ciega al mismo tiempo, pero la relación fraternal no es el centro de la trama.

            Pero, como ya decía cuando escribí la entrada anterior sobre Kenyon, la inspiración para los argumentos puede venir desde la Grecia antigua, incluso desde las primeras obras fundacionales de la literatura occidental. Por ejemplo, la Odisea de Homero se encuentra a lo largo de toda la novela Honor y pasión de Julie Garwood, 2003, en español desde 2005. La presencia de la obra homérica consiste en que la joven protagonista, cuando se siente en peligro, imagina que la protege el protagonista de la obra griega, Odisea/Ulises, y también acostumbra a comparar casi todo lo que ocurre a su alrededor con lo que conoce la historia de la Grecia antigua. Además, por si las referencias a los clásicos no fuesen ya suficientes, cada capítulo se abre con una cita de un libro clásico, entre la Biblia cristiana, Virgilio, Arquídamo de Esparta y Platón (yendo hacia atrás) se mueven las máximas elegidas por Garwood.

        

    Solo anecdótica es la mención a la antigua civilización griega que se puede encontrar en Ecos en la bruma de la ya mencionada Andrea Kane, 1996. La referencia es tan solo el nombre que la protagonista da a una lechuza blanca: Odisea.

            Los clásicos emergen en todo tipo de obras de ficción, aunque cada vez sea más difícil entender incluso una novela romántica para las nuevas generaciones de estudiantes que ven reducidas al mínimo testimonial su conocimiento de la Cultura Clásica.

 

 

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